domingo, 29 de marzo de 2009

Le Petite o sobre el tratado de la ocurrencia...


Con el anuncio de una obra de carácter multidisciplinario, el pasado lunes 5 de enero se presentó “Le Petite Simone”, en el marco del Festival de la Ciudad 2009. El espectáculo fue seleccionado por la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Mérida para formar parte de los artistas locales que intervendrían en este festival artístico. La dirección general del evento estuvo a cargo de Yasir García Rodarte.

Simone es una niña enferma pegada a una silla de ruedas, maltratada y descuidada por una enfermera; su único vinculo con el mundo exterior es la televisión... repentinamente sufre un ataque de asfixia y aunque el cuerpo médico trata de ayudarla, ella es víctima de mil imágenes en su último minuto de vida.

Con este argumento dio inicio este trabajo que tuvo una duración de aproximadamente 80 minutos, mismos en los cuales se hicieron visibles las carencias técnicas y la pretensión de la compañía en cuanto a la concepción del espectáculo, en primera porque señalan la obra como teatro, música, danza y artes visuales. A pesar de que escuchamos música, vimos proyecciones de diapositivas, fotografías y carteles, el espectáculo en su totalidad se vale de la danza como herramienta discursiva para contar historias. No se logró ver la parte teatral.

Hay que señalar que una obra de teatro también tiene música (en vivo, grabación, efectos sonoros), artes plásticas (escenografía, vestuario, maquillaje e incluso proyección de imágenes como en el video teatro) e incluso danza (coreografías, secuencia de movimiento etc.), sin embargo las obras teatrales no se anuncian como interdisciplinarias a pesar de contar con todos los elementos para serla.

Un espectáculo interdisciplinario es cuando dos o más disciplinas artísticas funcionan como ejes discursivos para la unidad de un espectáculo, una disciplina no se come a la otra, sino que todas se mezclan para dar pie a un trabajo diferente a lo que llamamos música (que podría ser visual y teatral), danza (la cual también cuenta con música y artes plásticas), teatro y artes plásticas.

Lo anterior sirve para decir que Le Petite Simone terminó siendo un espectáculo de danza contemporánea pero sin bailarines de nivel. Las limitaciones en las técnicas dancísticas hicieron que se tuviera que recurrir a coreografías con movimientos básicos y repetitivos (tan repetitivos que sólo se podría pensar que el ejecutante y el coreógrafo se habían quedado sin recursos).

Al igual que la danza, las artes visuales entraban con el argumento de un apoyo discursivo en cuanto a lo que estaba sucediendo en la escena. Sin embargo, a pesar de la unidad temática en las imágenes que eran la violencia y los pecados capitales, éstas sucedían con tanta arbitrariedad que bien podrían haber puesto cualquier imagen referente a la violencia y el discurso hubiera sido el mismo.

Señalo lo anterior porque ese fue el tono de todo el espectáculo. No había una unidad que permitiera clarificar el discurso de Le Petite Simone. El espectáculo pudo haber terminado 30 minutos antes o bien se pudo haber prolongado una hora más y el resultado hubiera sido el mismo, o bien la obra (acoto que la palabra obra no se refiere a una pieza teatral) estaba tan atiborrada de signos, sin una unidad precisa que se pudo haber metido una motocicleta en escena y no se hubiera notado el aporte de ese recurso.

Todos los elementos que componen cualquier producto artístico son necesarios e indispensables para su construcción. En una obra no tiene que faltar ni sobrar nada de los elementos que se utilizan. Se dice que si por ejemplo a un poema se le elimina una palabra, el poema mismo perdería su esencia, es decir, el privar a la obra de un elemento que la compone la desvirtúa y muy probablemente la anula. Esto se percibe en las obras que están bien construidas y se les elimina un elemento.

Ahora, cuando en una obra observamos elementos que sobran o que faltan, estamos entonces ante un producto artístico incompleto.

A pesar de algunos aciertos de Le Petite Simone como su selección musical o parte del vestuario (cuyos créditos se omiten en el programa de mano), el espectáculo está atiborrado de imágenes que terminan siendo una secuencia de ocurrencias, a pesar de que lo que se pretende es crear una vertiginosa serie de imágenes que suceden en el último minuto de vida de la enferma.

La trama es interesante pero su aplicación escénica se queda corta ante una fresca propuesta de jóvenes locales. Además de los fallos técnicos en la proyección de imágenes y en la entrada de alguna luz, los cuales algunas veces se deben a los limitados tiempos para ensayos técnicos que se tienen en cualquier recinto teatral, o bien a la poca clarificación en el manejo de los recursos.

Otra cosa que eliminaba el ritmo de la obra eran los espacios vacíos entre coreografía, pues el escenario quedaba vacío y a oscuras durante más de 20 segundos.

En el teatro (al menos si no es intencional), el espectáculo vacío y oscuro puede parecer una eternidad a pesar de que dure unos pocos segundos, por lo que la peripecia del director consiste en encontrar elementos que le den continuidad y ritmo a la obra para que el espectador no caiga en la desesperación y en tiempos muertos.

El teatro es ante nada acción y conflicto, donde los personajes reaccionan ante las circunstancias y ante los estímulos tanto externos como internos. Cuando hablamos de las carencias teatrales en Le Petite Simone, no nos referimos a la falta de diálogo, ya que el teatro imagen, alguna obra de Becket o Peter Handke tiene la característica de excluir el discurso verbal y manejarse a través de la acción física o las acotaciones. Pero en el caso de Le Petite Simone no se vio progresión dramática en los personajes, los cuales estaban al servicio de las coreografías y rellenaban las carencias en la técnica dancística con imágenes.

No basta ponerle vestuario ni caracterizar a los ejecutantes para decir que existen personajes de un drama, ni tampoco todo lo que se represente sobre un escenario y tenga una anécdota es por sí misma una obra de teatro.

A pesar de lo que se ha señalado, existe una energía y una disposición por parte de estos jóvenes que deben canalizar hacia la precisión de su discurso. Se puede caer en el error de crear sólo espectáculos atiborrados de ocurrencias (solución fácil y de poca exigencia para el artista y un modus vivendi que se ve en muchos jóvenes que han confundido lo conceptual con pereza y comodidad), cuando la capacidad de esta generación merece más, ya que el talento de estos muchachos es innegable .

Cierto es que el depuramiento y la precisión del discurso sólo lo da la constancia y el tiempo, pero ojo para estos creadores y ejecutantes, no hay que irse con la idea de que con Le Petite Simone se está ante una obra de arte en el sentido estricto de la palabra.

(Le Petite Simone. Reparto: Yasir García Rodarte, director general, coreógrafo y bailarín: Hugo Wenceslao Quiñónez Gómez, coreógrafo y bailarín; Andrea Urbán Hernández, bailarina; Alfonso García Medina, bailarín; Alejandra Bassol, bailarina; Miranda Argoytia Alonzo, bailarina; Alberto Andrade, bailarín; Arlette Sierra Alcocer, cantante y actriz; Marie Bello, bailarina y asistente de producción)

PUBLICADO EN POR ESTO!, 20 de enero de 2009.

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